Friday, May 10, 2013

A contar tu historia


Por Enrique Infante

Desde tiempos inmemoriales, el hombre escribe. Esa necesidad, se ha convertido en norma. No existe una mejor manera de dejar huella. Desde las películas que vemos, las canciones que escuchamos, los libros que leemos y pasando por toda la gama del arte, la información, el internet y hasta la radio; todo empieza en un papel. Claro está, eso viene después de la idea, la inspiración, la revelación, la imaginación; o como desee usted llamar a eso que baja del cielo, nace de nuestros pensamientos, se recrea en nuestras sensaciones y se enclaustra en nuestras emociones y sentimientos más puros.

Todos tenemos un escritor adentro. Todos somos capaces de contar nuestras historias y anécdotas. ¿Quién no ha tenido un diario? ¿quién alguna vez; en sus años mozos, no puso algunas lineas en un papel, cuando se sintió enamorado? No es difícil recordar esas cosas y sobretodo cuando se sabe que en esas épocas, el tiempo sobraba.
En repetidas ocasiones me he encontrado con personas a quienes les gustaría publicar un libro – ¿y a quién no? - Y como es lógico, quieren empezar con su biografía.
Pues bien, el secreto de escribir está en eso: Ser capaz de hacerlo. Atreverse. Y para eso “no hay ciencia,” como dicen, pues basta con saber leer y escribir lo básico.

¿Y para quién escribimos? Para nosotros mismos, para los hijos, para las generaciones venideras. Escribimos porque no hay mejor gozo que sentir que somos creadores de algo. Sabemos, mejor que nadie, cómo contar nuestras vivencias y lo único que necesitamos es lápiz y papel… y un poco de ánimo, por supuesto.

El proceso para escribir, puede ser muy fácil unas veces y en otras ocasiones, muy complejo. Eso dependerá del ambiente que nos rodea, del tema que tratemos, de la historia que podamos contar y de la sinceridad que tengamos con el papel.
Si no quieres publicarlo, perfecto. No hay obligación alguna de dejar algo escrito a alguien. Y si deseas hacerlo, deberás definir quién será tu público.

El que escribe estas lineas, es parte del grupo de Escritores en Español de Columbus, fundado el 1 de Diciembre del 2010. Somos gente con ganas de decir algo. Los miembros actuales fueron llegando al grupo con el afán y el interés que hay de querer decir las cosas, de inspirar a alguien o de simplemente demandar algún hecho. Para todos hay espacio y aunque algunos de los miembros, ya han recorrido el mundo con sus obras publicadas, otros esperamos nuestro turno, mientras aprendemos al máximo en los talleres de creación que preparamos cada fin de mes.
Es evidente que hay demasiado recurso humano con ganas inmensas de hacer algo por su pais, su ciudad, su raza y su familia. El asunto es priorizar. Y el ahora es cuándo, porque los años siempre “se pasan volando” y luego no sabemos qué fue lo que hicimos con todas esas ganas de ser alguien y de dejar herencia a los que vienen detrás.

Para toda persona que se encuentre interesada en escribir y necesita ayuda y asesoramiento, no dude en comunicarse con nosotros. Nos encontrarán en Facebook, en Twitter y en las páginas de algunos de los que conformamos este productivo grupo.
Estos son algunos de los autores que vienen participando y guiando con pie firme, al Grupo de Escritores en Español de Columbus; Guillermo Arango, Juan Armando Rojas Joo, Daniel Montoly, Ana Quevedo, entre otros. Para más información, no dude en escribirnos y visitarnos en los siguientes enlaces: escritoresdecolumbus@gmail.com, www.dejavulatinfusion.com/escritoresdecolumbus, www.facebook.com/escritoresdecolumbus, www.twitter.com/poetascolumbus

Le abriremos las puertas como abriendo caminos.
   

Friday, March 29, 2013

Es cuestión de ubicación



Por Enrique Infante

Para librar una carrera sin problemas, hay que ubicarse primero. Hay que saber cómo se juega en otras esferas y saber combinar las cartas si se es un visitante. No es cuestión de viajar nomás; hay que vivir y luego ya podrás contarla, como diría “Gabito.”

Es curioso saber cómo los que emigramos a otros países nos debemos de muchas formas a otras banderas y a otros himnos, aunque nunca dejemos de ser de la tierra que nos vio nacer y por ende, cuando nos toca regresar y entonar la voz para cantarla, la terminamos gritando a todo dar, mismo estadio.

Si no te adaptas estas fregado. Hay un idioma de por medio, hay una constitución y ciertas leyes que debes cumplir y debes por lo tanto, acostumbrarte a respetar, sino pagarás ciertas consecuencias innecesarias. Ahora bien, lo peor sucede cuando a la vez que quieres aprender a hablar, tus hijos ya te sacaron ventaja y deberás pedirles ayuda cada vez que haya una reunión de padres de familia en la escuela y no entiendas “ni michi” de lo que están hablando. Por ejemplo, ¿cómo confrontas las situaciones en la que a veces los hijos nos ponen? “… papi, la profesora quiere hablar contigo.” Vas a la cita y tu hijo estará presente para ayudarte con la interpretación de los sucesos en el que él mismo está involucrado. Ni siquiera sabes si lo que te está diciendo es lo que la profesora quiere que sepas o viceversa. Esto se da a diario.
Una de las cosas más difíciles que hay que enfrentar es cuando tu cachorro llega a la adolescencia. Con aires independientes, liberales y “superpoderosos;” con las ínfulas de creerse el más bacán y mucho mejor y moderno que tú; te hace añicos en una discusión. Encima de eso, te trata como a un ignorante y tú no sabes qué hacer. Hacia dónde vamos si además, le diste la propina semanal, le permitiste que trabaje, que se compre lo que desee -incluyendo el carro que siempre quiso- y que prácticamente no te atienda las llamadas cuando está ocupado y tiene cosas más importantes que hacer que atender al progenitor de sus días. ¿Merece o no un sopapo? Uno de esos que nos daban nuestras madres “de revés” y a veces con anillo puesto –mismo “The Expandebles 2”-  o de las nostálgicas “catanas” del abuelo, a correazo limpio y por supuesto sin olvidar las persecuciones con palo de escoba, regla de madera o con la secadora de cabello a las nueve o diez de la noche cuando no quieres ir a la cama.

Otro ejemplo de ubicación es cuando te regalas tu ansiado viaje de vacaciones por tres semanas a tu amado país, –porque en tu actual centro laboral no te permiten más- y luego de haberte puesto hasta a dieta para ahorrar mejor, llegas; y al terminar la segunda semana ya te quieres regresar y volver a ser del extranjero, porque ya te sientes como tal en tu propio terruño. ¡Habrase visto semejante disfunción!.. Y estás como loco por regresar porque “no aguantas a la gente, la basura, el desorden” o porque simple y llanamente, extrañas tus comodidades obtenidas.
Estando afuera también nos sentimos extranjeros, ¿o no?
Para muchos definir de dónde somos, seguirá siendo una pregunta capciosa.
Ojo que regresar, no es  retroceder. Lo cierto es que primero hay que saber ubicarse. Luego, enseñar lo propio a los nuestros; con GPS incluido.

Finalmente, y con los pies bien puestos en tierra, se podrá emprender el vuelo.


Thursday, March 7, 2013

Un nuevo mundo


Por Enrique Infante


Yo viví cuando el baktúm número doce del ciclo maya terminaba y a raíz de eso, la gente enloquecía porque creía que se les acababa el mundo y no había nada más que hacer. En esas épocas se inventaron historias, se hicieron muchas películas que algunos íbamos a ver fascinados por los efectos especiales que estas tenían.
Muchas personas vendieron sus propiedades, renunciaron a sus trabajos, otros se endeudaron “hasta el cuello” para poder “salvarse” buscando refugio lejos de las ciudades, los mares y la bulla. Se compraron todo tipo de cosas para irse allá arriba, a las montañas o más abajo a refugiarse en los famosos búnkeres y tener sustento para cuando pase la catástrofe tan bien publicitada.

Yo viví cuando los periódicos impresos dejaron casi de existir para dar paso a los iPhones y otras computadoras de mano. En esa época las oficinas de correo andaban vacías.
Yo viví en carne propia, las vicisitudes de unos cuantos seres queridos por alcanzar la gloria en sus trabajos y el confort en su vida diaria. Gente que solo trabajaba para “vivir mejor,” pero sin poder darse ese verdadero lujo de vivir por no tener tiempo para hacerlo.

Viví cuando las matanzas a sangre fría eran cotidianas. Cuando cualquiera podía comprar un arma en la esquina y darse el gusto de darle factura a cuanto inocente y en algunos casos, insensato, se le cruce por el camino. Por venganza, por placer o por locura. Me pregunto qué sentiría un asesino. Seguramente pensará que no hay nada más intenso que echarle un par de balazos a alguien en el cráneo. Tan intenso como tener un orgasmo, drogarse o volar y dejarse ir en caída libre.

Justo cuando la gente se preocupa de acercarse más a los otros, es cuando los aparatos tecnológicos de punta, entran a tallar. Los celulares suenan a la hora de comer, en pleno salón de clases, en las salas cinematográficas, en las oficinas, en algún recital o exhibición, en las iglesias y hasta en las bibliotecas, en donde se supone, no debe haber ruido.

Es curioso cómo el conglomerado país en donde vivimos se va haciendo cada vez más escandaloso. Los vehículos a todas horas tocando las bocinas. Colectivos atiborrados de pasajeros sudorosos bajo un sol de verano, meneándose al compás de los baches, las luces rojas pasadas, los perros sueltos y los ambulantes que con voz en cuello, nos persiguen para vendernos lo que está de moda. Si se nos ocurre, echarnos una siesta a las tres de la tarde, será imposible conciliar el sueño, especialmente, si vivimos justo arriba del paradero principal.

¿Qué hay que hacer ante tamaña violencia urbana? ¿Qué se puede hacer ante tanta publicidad? ¿Qué hacemos para combatir contra tanta ignorancia gratuita? ¿Cómo enfrentarnos a la duda que nos deja el salir de la escuela y buscar un trabajo? ¿En dónde trabajar? ¿Con quiénes nos relacionamos? ¿Qué compramos, qué no? ¿Invertimos o gastamos? Y nuestros hijos; ¿Qué queremos para ellos? ¿En qué condiciones los estamos trayendo a vivir?

Demasiado por hacer. Claro está que cuando logramos algo bueno, es preciso conservarlo y que se convierta en una tradición en nuestro hogar. Al final todo depende de la familia y de allí podremos vivir en una sociedad contraproducente y finalmente efímera, que será convertida y manejada o por seres sin escrúpulos o por gente que se preocupó del mundo físico y de la trascendencia, desde que fueron pequeños o desde que se dejaron influir y calar por buenas cosas y buenas costumbres.

Yo viví cuando muchos estaban ya muriendo en vida.

Saturday, February 23, 2013

La importancia de un gol



Por Enrique Infante

Qué bien que uno se siente cuando anota o cuando ve a su equipo ganar. Mejor aún, si se ganó por varios goles de diferencia. Que la chilena que se hizo, que el penal anotado, que si el gol fue con la cabeza o con la zurda, que si la paró de pecho y luego la introdujo en el arco. O si la metió tocándola en primera. Y habría mucho de qué hablar si se discute de la táctica empleada para encarar el encuentro. Que el técnico usó las piezas de manera contundente, que el preparador físico o el psicólogo aportaron mucho, que la afición o la nueva contratación para el equipo, que el dinero que gana tal o cual jugador hace la diferencia, que quién usará la número diez en el siguiente torneo o si el capitán será el mismo. Y si habláramos del arbitraje, no acabaríamos.
Ahora bien, si se habla del partido que definió la posición en la tabla, o que nos dio el triunfo en el campeonato, o en la región; esa historia se seguirá contando por años. Ni hablar si lo que se juega es un encuentro intercontinental o es el que definirá la suerte de un jugador a otras ligas.

El fútbol lo juegan en todos lados, gente de todas la razas y de ambos sexos; grandes y chicos. Gente con o sin dinero y hasta sin calzado; en las playas, en los barrios sin veredas o pistas; pateando una pelota de trapo o en un estadio ante miles.
Hemos entrado al siglo veintiuno y el fútbol sigue ganando adeptos, sigue siendo el más sintonizado en la televisión, en la radio o en el Internet y continúa atrayendo masas. La gente aún hoy, es capaz de empeñar hasta su cama por un boleto. Es curioso ver también cómo algunas películas están basadas en el fútbol y en otras los personajes giran en torno a este deporte. Esta fiebre crece aún más, cada cuatro años con el mundial.

Hay con el fútbol, una expectativa singular que se repite cada vez que se juega. A veces no importa en dónde ni contra quién. Lo importante es ganar y para eso el señor gol es la respuesta, la verdadera razón del fútbol. Se alcanza la gloria cuando se mete el gol; la tarea se cumple, el objetivo se logra. Y eso es lo que nos da la sensación de haber ganado de verdad, de sabernos triunfadores.

Y el fútbol se aplica a nuestro ámbito social y juega un papel preponderante en nuestras propias vidas. El fútbol nos une, nos convierte, nos transforma y nos hace ilusionarnos.
Por el contrario si no sabemos llevarlo; nos destruye, nos fanatiza, nos envicia; nos llena de rabia y sin darnos cuenta, nos acabamos destruyendo y peleando contra todo el mundo sin una razón sensata y por la propia mediocridad que llevamos a cuestas.

Por ello, es preciso saber que cuando lo jugamos o miramos, debemos hacerlo sanamente y con la lucidez y sobriedad que este amerita.
Claro, esta nota es tan solo una más de las que seguramente ya usted ha leído. Ni siquiera estamos en época de fútbol para ser sinceros; pero como sé que ya leyó lo que más le gusta, le paso el balón y le digo que el mejor gol es aquel que anotamos cuando definimos nuestro destino con buenas decisiones; así el esférico, haga una curva en el camino antes de entrar y se nos dispare aquel grito que nos sale del alma. Usted elige.

Tuesday, February 12, 2013

Reverencia y sumisión


Por Enrique Infante

Por muchos años y a través de las diversas culturas en el orbe nos podemos dar cuenta que la gente saluda y se despide de diferentes maneras. También seguramente nos hemos percatado de la forma en la que estos saludos son. Unos con la mano, otros solo con un movimiento leve de los ojos; en algunos casos, personas de diferentes sexos no pueden tocarse, en otros el saludo es con uno o dos besos en las mejillas y claro, también están los fuertes abrazos. Hay sin embargo, los que prefieren no dirigir su atención a la persona que llega o se va, o cuando esta es la que entra o sale; practicando así la indiferencia acostumbrada de los años o por el solo hecho de no querer dirigirse a aquel que no le cae bien. Existe todo tipo de gente, para todos los gustos y con sus respectivos disgustos.

Todas estas son cosas que hay que tomar siempre en cuenta al momento de entablar la comunicación con alguien; sea por roce laboral, relación amical, familiar, o con la debida valentía que a veces implica el enfrentarnos a alguien por no estar de acuerdo en algo.
Sí, porque hasta para eso hay que saber guardar el debido respeto.
Todo es cuestión de educación, del cómo y de dónde venimos y de la constante búsqueda de saber ponerse en los zapatos del otro y saber aceptar ciertas cosas.

En varios países orientales, la venia o reverencia es tan importante y además, la única forma de saludo; al entrar al templo, al llegar a una casa, donde también en muchos casos, hay que quitarse los zapatos para no traer las inmundicias del mundo exterior. Es preciso saber que cuando uno se dirige a alguna persona mayor, ya con ese solo hecho, estamos obligados por ley o tradición, a respetarla.

Nunca se podrá levantar la voz al hablar, tampoco se podrá pronunciar palabras soeces o improperios, mucho menos si se está de visita.  Hay quienes por mala costumbre tienden a evitar todo esto y es así que oímos cosas como, “eso no está de moda. No seas anticuado. Así era en tus tiempos,” “¿quién quiere saludar así?,” “¿por qué saludar si ella no me saluda?;” etc.

Hay un dicho que reza: “lo cortés no quita lo valiente” y eso es lo que nos da la mejor de las ventajas cuando más lo necesitamos. Fijémonos en una pelea de box, artes marciales, esgrima o de lucha libre. Cada uno de los contendores tiene un alto nivel de respeto hacia su oponente. No habrá buena pelea si no se demuestra el respeto hacia el otro. Esto sucede antes de empezar, durante y al final del combate.

Al hablar de la sumisión; hay que recurrir de manera inevitable a lo que plantean algunas religiones. En algunos países, la mujer se encuentra sometida al hombre, por la fuerza, por la opresión o porque desde tiempos remotos a ella nunca se le dio su lugar y lo único que debe hacer es atender y criar a los hijos. Hay quienes ven esto como un crimen y algo imposible de aceptar. Otros más bien no cambiarían esa realidad social. Y esto existe en las fuerzas armadas, por las jerarquías y rangos que utilizan.

La sumisión es servidumbre, es sometimiento, es acatar leyes, preceptos y normas, sin discusión alguna. La reverencia se da por la admiración, el respeto y por la forma en la que veneramos a nuestros dioses, santos, líderes, padres, hermanos mayores y personas de grados superiores.

Ambas son respeto.

Monday, January 28, 2013

El arte de hablar

Por Enrique Infante

Hablar es un arte. De eso no cabe la menor duda. Y es que todo ser humano se puede expresar de muchas formas, sin embargo la manera en la que hablemos, lo que decimos y lo que lleguemos a comunicar; son otras. Dependerá de un cúmulo de incontables factores que se determinan principalmente por lo que leamos; aunque, este no es determinante.

El ser humano desde  muy pequeño, encuentra en la madre y en los que lo rodean; las fuentes principales de su lenguaje y comunicación, limitadas obviamente por su corta edad. Al pasar los años -y dependiendo de la escuela a la que vayamos- los niños con los que juguemos o nos juntemos; nuestro lenguaje será influenciado de forma casi determinante. Muchas veces es desde allí que nos servimos para enfrentar al mundo.

Un lógico factor indiscutible parte de la ubicación geográfica. En dónde hallamos nacido, hacia dónde nos mudemos. Así, una persona de México, no habla igual que otra de Puerto Rico. Tampoco un español se expresará de forma similar a la de un ecuatoriano; por citar ciertos ejemplos. Lo que estudiemos, incluso si no estudiamos; también afecta.

Ahora bien, hay personas que hablan varios idiomas. Esto también influye en su lenguaje. Otros no hablan nuestro idioma; pero se expresan de una forma particular que nos hace pensar en la inmensa gama de razas, lenguas y lenguajes que existen (no confundir, lengua con lenguaje). Lengua es Idioma. Lenguaje es la forma en la que hablamos o escribimos. Muchos llaman a esto, dialecto. El dialecto es una lenguaje que en sí, no ha llegado a ser un idioma; sin embargo, hay varias definiciones de lo que es un dialecto.
Y para definer todo esto, hasta existen carreras completas y especializaciones que estudian las lenguas de las naciones. A esto se le llama Lingüística.

Lo que sí, debemos considerar en todo momento, es que al margen de todo lo anterior; nuestra educación, no debe parar de mejorar. Si usted, aprende al menos una palabra por día y su correcto significado; es muy difícil que “le tomen el pelo.”
Ojo, que saber el significado quiere decir que también debemos aprender lo que esa misma palabra quiere decir en otro lugar y en los diferentes contextos en las que podríamos usarla. Muchas veces tan solo por no saber hablar, uno puede terminar en una pelea. El tono que usemos al pedir las cosas, va a ser preponderante: “¿me oíste?” puede ser tomado de mala forma, como si te estuvieran mandando o tratando de menos; cuando lo que quieren es solamente estar seguros, que les prestaste atención. En otros casos, frases como: “ahorita llego” en Centro América puede ser, “en un rato” y no inmediatamente. En Venezuela, la palabra “arrechamiento” significa estar muy molesto.

Es muy importante adoptar también ciertas formas nuevas de expresarse. Por ejemplo: “Te dije que no iría” es muy diferente a decir “¿Recuerdas que te dije que no iría?”
En otro caso: “¿Me entendiste?” es mejor preguntarlo de esta manera: “¿Me dejo entender?” De esa forma, no herimos susceptibilidades ni creamos conflictos potenciales o por lo menos sabemos que no le estamos “cayendo mal a nadie.”

Las puertas se nos abrirán en todos lados, si aprendemos algo nuevo cada día. Y si con las palabras y con buen vocabulario, te sabes defender; llegarás a lograr muchas cosas. Unos son líderes de la comunidad. Otros, llegan a escribir libros o preparar buenos discursos, que muchas veces determinan una lucha por un puesto de trabajo o un premio.

Thursday, January 17, 2013

…Y te diré quién soy y tú me dirás quién eres


Por Enrique Infante

Eramos ocho personas en un apartamento de sólo dos habitaciones en el centro de la ciudad. Nuestro ambiente cambió radicalmente, cuando en un verano tuvimos que irnos y empezar a convivir, los ocho, en una sola habitación. Esta, la tuvimos que dividir para separar los “ambientes,” con cortinas y roperos llenos de cosas, entre las que podíamos encontrar desde ollas, hasta cajas llenas de fotografías. Y por supuesto, toda nuestra ropa.
A veces mi madre tenía que hacer magia para darnos de comer, sin embargo y aunque a veces nos faltó una merienda; nunca hubo un solo día en que nos fuéramos a la cama por lo menos con té y un pan.

Fuimos criados por mi madre, mi abuela y por dos tíos que nos distraían de las visicitudes que a veces la vida depara y no sabes cómo enfrentar.

Algo que nunca faltó en mi hogar fue un buen libro, una buena historia al lado de una lámpara a kerosene o con la luz de una de esas velas a las que llamábamos “Velas de Apagones” porque eran gruesas y altas –no más grandes que las que usan las iglesias- y era lo que más se vendía, cuando el terrorismo de esas épocas en el Perú, hacía explotar una torre eléctrica y… la mitad del distrito en tinieblas por largas horas.

Vivíamos en un callejón de un solo caño, como recita la canción…
Tiempos remotos y aunque difíciles, nunca hubo tristeza en nuestro hogar. Todo lo contrario. Se ha escrito: “la pobreza une a los familias y a los pueblos.” Nada más cierto. El callejón quedaba en un primer piso y con la puerta prácticamente a un paso de la calle, las huídas eran sino constantes, un diario respirar de nuevos aires y amistades.
Se organizaba torneos de “fulbito” con dos piedras como arco o del poste de luz a la pared. Jugar a las escondidas, era el mejor jolgorio de aquellas épocas. Ni hablar de lo que llamábamos “policías y ladrones” en los que nos perseguíamos por diez cuadras a la redonda con balines de plástico que nos disparábamos con ligas de mano.

Llegaron la música, las chicas, el rock y la trova, los quinceañeros y los viajes; los campamentos, las noches de bohemia, las largas caminatas por la calles vacías de tantas madrugadas, en las que podia conversar con mis amigos de toda clase de cosas, a la vez que intercambiábamos conocimientos e inquietudes, conjugando la sapiencia con la broma y la cultura con la curiosidad. Todo esto, con los lógicos acordes disonantes de nuestras guitarras.

La puerta siempre estuvo abierta para aprender, así no existieran los medios. Eso lo aprendí de todos los que me rodearon y de una docena de libros que leí. Lo aprendí de los padres de mis amigos, lo aprendí de aquella contrariedad que siginifica el no tener nada y a la vez tenerlo todo.
La vida nos lleva por lugares a los que no estamos preparados; pero esa es exactamente la mejor preparación para lo que vendrá después. La preparación, perfecta y precisa. Transmitir al resto es intrínsecamente necesario. Además, claro está; tus acciones siempre dirán más que muchas palabras.

La frase “Dime con quién andas y te dire quién eres,” yo la aplico también de las siguientes formas: dime qué lees y te mediré. Dime qué comes y sabré más de ti.
Ver y oir cómo te expresas, te desnudará irrefutablemente.